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Con obra de Daniel Weinstock, el Centro Fotográfico “Manuel Álvarez Bravo” celebra su XXV Aniversario
Por Pedro Matías
17 de septiembre, 2021
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El Centro Fotográfico “Manuel Álvarez Bravo” (CFMAB), fundado por el artista Francisco Toledo, celebra su XXV Aniversario con una exposición de Daniel Weinstock. Mismo fotógrafo cuya exposición inauguró este centro fotográfico.

Pedro Matías

OAXACA, Oax. (pagina3.mx).- Con la obra de Daniel Weinstock, el Centro Fotográfico “Manuel Álvarez Bravo” (CFMAB), espacio fundado por el artista Francisco Toledo, celebra su XXV Aniversario y simultáneamente mostrará, en su antigua sede, parte de su archivo histórico desde imágenes hasta postales.

El Centro Fotográfico “Manuel Álvarez Bravo” abrió sus puertas precisamente el 17 de septiembre de 1996 con una exposición de Daniel Weinstock y 25 años después la obra del fotógrafo mexicano vuelve una vez más al espacio fundado por el artista Francisco Toledo.

El centro fotográfico celebra su aniversario en su antigua sede

Además, en la antigua sede del Centro Fotográfico se montará un set conmemorativo durante los días 17 y 18 de septiembre de 11 a 16 horas en la calle de Murguía 302 donde podrán tomarse la foto del recuerdo del Aniversario XXV del espacio fundado por el maestro y filántropo Francisco Toledo.

En 1996 Weinstock expuso imágenes tomadas en la playa, de los asilos de ancianos y de los manicomios, y ahora mostrará los mismos temas, aunque vistas de manera distinta porque las fotos son de otra época.

Los marginados ha sido un tema al que Weinstock ha volteado constantemente, cuenta que desde niño se preguntaba qué sucedía con la gente que vivía en la calle “¿qué sentían? ¿por qué estaban siempre tan cansados? ¿por qué tenían esas caras tristes? no nada más los que vivían en la calle, también los obreros, porque mi abuelo tenía una fábrica y cuando iba cotorreaba con los obreros y demás, veía que no tenían la cara así de: “que bien me la estoy pasandoentonces me empezó a interesar eso”.

Lo que Weinstock encuentra raro es que el primer tema que escogió fue el asilo de ancianos, “yo era joven, pero no sé por qué siempre me ha interesado la vejez y la muerte, entonces empecé por ahí y fue alucinante, no sé, en realidad creo que ahí todavía sentía yo cosas. Porque si me identificaba con los ancianos y les preguntaba su historia y los ayudaba en lo que podía y demás. Pero como que te vas haciendo duro y de repente ya cuando estás en manicomios como que ya no sientes igual, como que te haces duro y ya te dejas de imaginar lo que es vivir ahí y sentirse de esa manera, y te concentras en sacar las imágenes más impactantes que puedes”.

Irma Bello Woo escribe, en el texto que acompaña la exposición Daniel Weinstock XXV Años, que podrá admirarse en Oaxaca a partir del 17 de septiembre en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo refiere:

Las fotos de Weinstock son producto de su necesidad de explorar la enfermedad mental como una especie de rebeldía con propósito. Una especie de marginalidad no superable. Una constante dentro de la única variable: su cámara y su sonrisa. La intimidad de sus fotos, hablan de una intimidad que solo él conoce. Se identifica honestamente con cada uno de sus sujetos. Se refleja en ellos como un niño en sus amigos. No quiero ser poética en esta descripción, pero es necesario recurrir a la poesía cuando la fotografía de Daniel no existe sin la magia de la descripción poética de individuos sometidos a las más absurdas, por crueles circunstancias de vida ”.

El interés de Daniel Weinstock en la fotografía se dio desde que era un niño, les tomaba fotos a sus hermanos y siempre le pareció algo mágico. “Primero el poder parar los momentos, ponía a mis hermanos a correr y entonces los fotografiaba y era tener el momento ahí parado ¿no? Ya más tarde tuve una novia que su mamá había sido amante de un fotógrafo y más o menos sabía revelar y cosas así, entonces me compré una ampliadora así bien baratita y empecé a revelar los rollos y a revelar el papel y me pareció siempre algo mágico, ver cómo aparecían las imágenes. No sabía muy bien que estaba haciendo, nada más sabía lo básico, pero me gustaba mucho ver cómo iba apareciendo la imagen en el papel”.

Su camino en la fotografía análoga fue de constante experimentación, “al principio aprendes a imprimir bien, todo el mundo te dice de los blancos y los negros y los grises y todo ese rollo, pero llegó un momento en que ya sentía que nada más estaba haciendo maquila, que meter el papel a la charola era lo mismo, y lo mismo y lo mismo, nada más con diferente imagen, entonces se me ocurrió empezar a usar brochas y esponjas y otro tipo de cosas y ya no meter el papel a la charola sino empezar a revelar como partes que quería ver y no revelar todo el papel y cuando algo ya estaba como me gustaba, le echaba fijador y seguía revelando lo demás”.

Entonces también se empezaron a mezclar los químicos y se filtraban como unos tonos muy extraños y así empecé. Y ya luego aparte de hacerlo así, empecé a usar viradores que te ponían otros tonos, luego hasta escribía, pero con el revelador; entonces eran procesos súper largos de pasarme media hora para hacer una foto en el laboratorio” detalla el fotógrafo.

Weinstock es licenciado en Actuación y Teatro, titulado en la UNAM y tiene una maestría del Centro Internacional de Fotografía (ICP por sus siglas en inglés) con sede en Nueva York.

Comenta que el teatro influyó muchísimo en su fotografía, “porque yo empecé tomando fotos en obras de teatro, para vivir y como conocía a todos los actores y a todos los tramoyos, a todos los de los teatros, entonces me dejaban entrar primero y poner mi tripié en donde yo quisiera. Me echaba cada obra de teatro como dos o cuatro veces pa’ que no se me fuera ninguna foto, porque si estás fotografiando acá, algo está pasando por allá, entonces en la siguiente función fotografiaba lo que estaba pasando por allá y así”.

Daniel explica que de lo que más aprendió cuando fotografiaba en teatro fue de la luz, “aprendí a valorarla, cuándo en realidad una cara tenía suficiente luz y cuando nada más parecía que tenía luz y cosas así. El teatro sí influyó mucho porque cuando fotografiaba cosas, digamos documentales, lo que se me ocurrían eran como escenas de obras de teatro. Entonces encontraba personajes en la calle o amigos o lo que fuera y les montaba numeritos y así empecé a imaginar las cosas que fui fotografiando”.

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