Por una módica cantidad de vales o billetes diminutos podías meter a la cárcel al indeseable.
El deseo de encerrar a Pepito, el que le robaba el almuerzo a todos y te ponía el pie cada vez que pasabas al pizarrón, se hacía realidad.
Era un requisito cambiar dinero por vales o billetes de juguete al entrar a la kermes.
Hay razones muy específicas por las que estos eventos escolares fueron los favoritos de muchos en la infancia.
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Fuente: http://elpais.com/verne/2016/10/15/mexico/1476488085_331328.html
