El resto, lo que queda fuera de las preocupaciones partidistas, entra en esa cosa amorfa llamada cultura popular.
Al negocio se suman aquellos que de manera condescendiente bautizan lo masivo como cultura del pueblo.
Por su parte, los políticos, siempre dispuestos a halagar a sus posibles votantes, han asumido que al programa con más audiencia se le bautiza como “cultura popular”, y como es cultura y es popular hay que sumarse a su éxito.
Tuvo la suerte de haber crecido cuando la música popular que sonaba en la radio al alcance de cualquiera era excelente.
Esta semana, leí la palabra elitista como insulto tantas veces en los medios españoles que llegué a visualizar la verdadera cultura del pueblo yéndose por el sumidero.
Fuente original: La cobra del pueblo | Cultura | EL PAÍS
