Otras versiones señalan que el cadáver permaneció colgado de un mezquite porque nadie se atrevía a bajarlo por miedo al gobernador.
El gobernador prohibió que fuera incinerado o sepultado en el cementerio, por lo cual su cadáver permaneció tirado en el lugar donde había muerto.
La figura de Jesús Malverde evoca, dice Arturo Lizárraga, la de Heraclio Bernal, bandolero social sinaloense asesinado en la época del porfiriato, entre otras: Jesús Arriaga (Chucho el Roto), Santañón, etcétera.
La gente, ante el cadáver en descomposición, comenzó a poner piedras que muy pronto se convirtieron en un montículo asociado a una flamante devoción.
La tradición popular cuenta que en una ocasión fue herido en una mano y la policía empezó a buscar a una persona que estuviera vendada.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/20/opinion/016a1pol
