No hay que olvidar que a través del beso también compartimos enfermedades, por ejemplo la mononucleosis (también conocida como la enfermedad del beso, muy frecuente en adolescentes).
El beso sirve entonces como un primer examen del otro, un examen del que no somos conscientes.
«Lo que percibimos de todas estas reacciones químicas depende del tipo de neurotransmisor, del porcentaje o equilibrio entre ellos y de las neuronas sobre las que actúan», señala David Bueno.
El beso erótico, ese que provoca sensaciones encontradas (escalofríos–calor) y acelera el corazón, esconde un complejo mecanismo.
De hecho, con cada beso de 10 segundos intercambiamos 80 millones de bacterias, según un estudio realizado en Holanda.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/10/07/buenavida/1444209730_702668.html
