En Oaxaca y en otras regiones, especialmente rurales, el uso del Ejército en labores de contrainsurgencia y combate al narcotráfico abrió margen para violaciones a los derechos humanos.
En el México actual, en cambio, las instituciones militares causan pánico a un número cada vez mayor de personas y comunidades.
La estrategia de seguridad adoptada por el calderonato cambió bruscamente esa situación.
En Chiapas Zedillo envió a los militares a hostigar a las comunidades zapatistas.
En un país realmente democrático, en un estado de derecho, la población civil percibe a las fuerzas armadas como un factor de seguridad y tranquilidad, se supone.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/13/opinion/020a1mun
