En Harvard, rodeados de corazones de cerdos y ovejas, Fernández y Solís se enamoraron.
Su artículo en Nature revela por primera vez que el prolapso puede tener una causa genética.
Ahora tienen dos hijos, de cuatro meses y dos años, trabajan en el Hospital Universitario HM Montepríncipe e investigan juntos en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), en Madrid.
La historia de Solís y Fernández, ambos cardiólogos, es una muestra de las bambalinas de la ciencia de vanguardia.
Pasaba tanto tiempo con los animales que todavía recuerda el nombre de todos ellos, cuyos corazones acababan extrayéndose para probar nuevas técnicas de cirugía o enseñar anatomía.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/10/09/ciencia/1444409315_457086.html
