AFito lo vamos a recordar y extrañar todo el tiempo, o casi.
Porque así se las arregló para vivir la vida y su vida y estar en el mundo: para desde ese inquieto y obsesivo estar, conocer y aprender de ese mundo y, de ser posible, transformarlo.
Este estar en el mundo fue convertido por Fito en disciplina y objeto de estudio y reflexión, así como en plataforma fundamental para arrojarse a las aguas de la aventura política o humana o sentimental que lo alimentaron siempre para volverlo el hombre generoso y pujante, enjundioso y tozudo que siempre fue, desde y a pesar de su insobornable racionalidad; a pesar, incluso, de sí mismo.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/14/opinion/022a1pol
