En Portugal, como en otros países civilizados de Europa, la relación entre el pasado y el presente es menos abrupta que en España.
Al día siguiente de llegar a Oporto ya parece que uno lleva más tiempo en la ciudad.
En el café Guarany de Oporto se restauraron cuidadosamente los veladores de mármol, las sillas, el embaldosado, las lámparas, los espejos.
Y me parece dañina la obsesión por preservar incondicionalmente y volver imposible la construcción moderna en los centros históricos.
El café Guarany se inauguró a principios de los años treinta y hace algo más de una década fue restaurado.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/02/17/babelia/1455712332_548029.html
