La artimaña dio sus frutos porque el Bayern tembló atrás como un flan.
En la prórroga, Lichtsteiner la tuvo y Neuer se la quitó con una atajada para el recuerdo.
Ni Alaba ni Lahm daban salida por los costados ni Benatia lograba un pase de cinco metros.
Se exigía un pase definitivo imposible, una jugada de velocidad de Douglas Costa o un disparo desde media distancia.
Alas para el Bayern, que se refugió en Costa, el único en agitar en campo ajeno porque Ribéry está desbravado, titular por el resfriado que tumbó a Robben.
Fuente: http://elpais.com/deportes/2016/03/16/champions/1458146776_260275.html
