Porque aunque Palmira haya sido liberada, para sus piedras, en pie o desperdigadas por el suelo, esto no es nada nuevo.
Al fin y al cabo se trata de piedras destinadas a durar mucho más que una vida pero igualmente condenadas a perecer.
El dinamitado Arco del Triunfo de Palmira no vale la vida de un niño cristiano asesinado por un suicida en un parque infantil en Lahore este pasado domingo.
Para la mayoría de nosotros, Palmira es como esos objetos que uno tiene en casa y no reciben demasiada atención hasta que se extravían.
Y lo es porque el ISIS ha profanado uno de los lugares históricos más admirados por la humanidad con un refinamiento y una crueldad difíciles de igualar.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/28/opinion/1459183536_541098.html
