“Personalmente me gustaría que el próximo Habré fuera George W. Bush, que se le juzgara por las torturas, las prisiones secretas, Guantánamo.
La solución sería que todos los países ofrezcan un mejor nivel de protección de los Derechos Humanos”.
España era el templo de los Derechos Humanos, el último recurso al que podían acudir los guatemaltecos, los presos de Guantánamo, los tibetanos.
“Ningún tirano acepta con complacencia ser juzgado, Habré ha intentado sabotear el proceso, pero nosotros nunca tuvimos miedo de la verdad”.
Para ese entonces, el abogado neoyorquino trabajaba ya para Human Rights Watch y las organizaciones internacionales de Derechos Humanos empezaron a buscar otros Pinochet.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/29/planeta_futuro/1459247192_207702.html
