Se le considera el último prófugo de la matanza del Casino Royale.
Por ese puñado de monedas acabaron a sangre y fuego con la vida de 52 personas, entre ellas dos embarazadas.
Antes de lanzarse al infierno, los sicarios comieron con tranquilidad sus tacos y enchiladas en el restaurante El Gran Pastor.
Aunque se le consideró uno de los organizadores del ataque, durante casi cinco años escapó a todos los intentos de capturarle.
El crimen, calificado de atentado terrorista por el entonces presidente, Felipe Calderón, horrorizó a México.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/04/08/actualidad/1460086679_222259.html
