Son el último ejemplo de la globalización del descontento con las élites, que recorre el mundo, desde España, Francia, Alemania hasta Estados Unidos, donde afecta seriamente al proceso electoral para la sucesión de Obama.
La velocidad del cambio provocado por la nueva sociedad nacida de la globalización 3.0, la revolución digital, provoca ansiedad.
La vorágine provoca primero, perplejidad, descontento, y finalmente ira y desafección hacia un sistema que amplía la brecha de la desigualdad.
Combustible de alto octanaje para alimentar la mundialización del descontento.
Proteccionismo y guerras comerciales para arrebatar a China los empleos perdidos por EE UU (Trump).
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/04/08/actualidad/1460137906_054262.html
