Un Everest para el conjunto alemán, retorcido por un Madrid que de vuelta sí fue un Madrid.
A hombros de Carvajal, con la escopeta de Cristiano y el Wolfsburgo a un paso del siniestro total, desamparado, incapaz de darse un respiro, el Madrid tenía el partido soñado.
Era demasiado pronto para administrar el marcador, pero el Madrid reculó, con la zaga marcha atrás y los atacantes en su órbita.
Se remangó Cristiano y sobre el Wolfsburgo cayó una tromba.
Percutían los laterales, Casemiro hacía de guardián, Cristiano mantenía la mecha… No había ida y vuelta, con el Wolfsburgo proclive a la prórroga o la inspiración divina.
Fuente: http://elpais.com/deportes/2016/04/12/champions/1460495336_936350.html
