Pero de ellos [los que trabajan para la empresa minera y los policías que la agredieron], pobres, que no piensan en su alma.
El domingo pasado, Jaime Chaupe, esposo de Máxima Acuña, denunció que escuchó dos disparos al aire cuando se quedó solo en casa.
“Caminen por donde voy para que no se hundan sus zapatos”, sugiere Acuña en el humedal [terreno de aguas superficiales].
Estos efectivos tenían contratos por los que ofrecían servicios de seguridad a la empresa minera Yanacocha.
Acuña sucedía así en esta distinción a Berta Cáceres, la activista hondureña que fue asesinada en marzo pasado.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/04/28/america/1461880404_072446.html
