Un lugar cuyo espíritu es una combinación perfectamente espantosa de inoperancia, desinterés, clasismo e ínfulas abochornantes, casi punibles por la ley.
El delito en cuestión no fue cometido por un caco toxicómano ni un psicópata en busca y captura, sino por un restaurante ampurdanés llamado La Timoteca (1).
Pero me contradigo: el servicio de La Timoteca sí nos dejó morir de hambre y sed.
Ni los reos de Tenko pasaban la sed que pasamos nosotros en La Timoteca, y ellos al menos tenían agua fecal.
Nos pusimos muy contentos, un poco como los rescatados de ¡Viven!, aunque lo cierto es que aquel pájaro llegaba 30 minutos tarde.
Fuente: http://elpais.com/elcomidista/2016/04/28/articulo/1461873382_566153.html
