Después, los segundos, que no fueron muchos, separaron a los más aptos para el ejercicio de los más rígidos, los alérgicos al aerodinamismo.
Como preveía que de mayor no sería ni campeón mundial ni olímpico, el esloveno se pasó a la bicicleta, donde asombra.
La magnífica contrarreloj de Roglic demuestra la importancia de la aerodinámica en el ciclismo, porque corredor que sepa más de vientos, y con capacidad física para plegarse, seguramente no hay.
Una traidora fiebre, y una posición ya anticuada sobre la bicicleta, le frenaron en Apeldoorn, donde cedió 14s a Dumoulin y Roglic, acabó muerto sobre el asfalto y lloró, como tras sus frustrantes despedidas de Flandes y Roubaix, su mala fortuna.
Al menos, pudo consolarse el alavés que tan bien escala con que no le dobló Tom Dumoulin, que había salido un minuto después y llegó a 20s, como un bólido en la última recta, y ganó la etapa.
Fuente: http://elpais.com/deportes/2016/05/06/actualidad/1462551812_479651.html
