Cuando en abril de 2015 la ecologista hondureña recibió el Goldman Enviromental Prize, el Nobel verde, lo dijo.
Pero la noche en que acabaron con su vida nadie la custodiaba.
A lo largo de su lucha habían caído otros compañeros del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras.
La noche del 2 de marzo, Cáceres fue asesinada de dos tiros en su casa de La Esperanza, al oeste de Tegucigalpa.
Ante las amenazas que sufría Berta Cáceres, la propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos había ordenado su protección policial.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/05/12/opinion/1463070296_118967.html
