Elogiemos y demos las gracias a nuestras madres y a las madres de otros por nada menos que el desfile de la vida.
Avanzando a zancadas con resolución, como si acudiesen a una cita, las madres se balancean camino de una extensa ciénaga.
Cuando mueren sus madres, las orcas macho mayores de 30 años afrontan tasas de mortalidad ocho veces superiores a las de los machos coetáneos del grupo cuyas madres están vivas.
Sin embargo, otra madre, con los pechos llenos de leche, llega corriendo y cruza justo por delante de donde estamos.
No existe ninguna otra criatura en la que toda su prole –hijas e hijos– permanezca con su madre mientras esta vive.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/06/09/ciencia/1465487572_292056.html
