“Una vez muertos, no se me ocurre un mejor uso que darle a nuestro cuerpo”, concluye Clascá.
Es difícil evaluar el valor del entrenamiento que puede proporcionar un cuerpo a los cirujanos, pero el progreso en las operaciones es evidente.
Así se eliminan los riesgos biológicos y se puede aprovechar al máximo las distintas partes del cuerpo que se pueden conservar.
Otro de los grupos de profesionales que utilizan los cuerpos donados a la ciencia para mejorar su trabajo son los anestesistas.
Hace dos años, un escándalo en la Universidad Complutense de Madrid horrorizó a muchas personas que habían donado su cuerpo a la ciencia y llenó de dudas a otras que pensaban hacerlo.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/07/05/ciencia/1467719690_591303.html
