Pero solo los avances tecnológicos y científicos del siglo XIX dieron verosimilitud a tamaña creación.
En un sueño de aquellas noches Shelley concibió Frankenstein, y así cambió la historia de cultura popular.
Son también obras literarias rebosantes de puertas, ventanas y espejos, elementos que esconden, insinúan y, al final, reflejan un mismo terror: el del hombre enfrentado a sí mismo.
Fue la gran pantalla la que instauró la imaginería de tornillos en el cuello y cicatrices craneales para Frankenstein, o la que concretó el aspecto robótico femenino.
Y a partir de ahí el hombre también quiso ser Dios, y crear a su vez vida.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/06/15/actualidad/1465999399_049013.html
