En el nuevo Salaverna, Refugio –una anciana de 90 años y arrugas pronunciadas- está sentada afuera de una vivienda de colores pálidos.
En la sala, frente a una imagen del mítico héroe revolucionario Emiliano Zapata, dice que él no abandonará sus raíces por nada en el mundo.
La iglesia ha sido cerrada porque está atravesada por una enorme grieta, en la primaria ya no hay clases y los servicios que ofrecía la clínica médica fueron trasladados al nuevo Salaverna.
«Muchos por el miedo de que sus casas se fueran a hundir se fueron, pero otros aceptaron porque se deslumbraron.
Entonces se fueron como 50 familias», explica Celestino Guevara, otro de los habitantes que se resisten a dejar su propiedad.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/07/02/mexico/1467410629_857103.html
