Aquella nación pujante, que creaba riqueza y eliminaba pobreza a pasos agigantados, es hoy un país sumido en una grave crisis política y cautivo de una recesión galopante.
Como cada cuatro años, unos Juegos Olímpicos como los que anoche comenzaron en Río de Janeiro son motivo de celebración, no solo deportiva, sino también cultural y social.
Nada queda de la euforia que mostró el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores, al saber que los Juegos serían en Río.
Según las encuestas, más de la mitad se opone a la celebración de estos Juegos, al considerar que no van a beneficiar al país.
El Gobierno ha pecado incluso de sobreactuación al destinar numerosos efectivos militares para acompañar a la llama olímpica en su ascenso al famoso Corcovado.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/08/04/opinion/1470334453_728153.html
