El orteguismo, ha dicho con acierto la exguerrillera Dora María Téllez, “es un parásito que se chupó al Frente Sandinista”.
En Nicaragua es muy temprano aún para pronosticar cuál será el futuro de la sucesión familiar en el poder y si logrará imponerse una dictadura dinástica.
Durante la ceremonia de inscripción, Ortega y Murillo intentaron justificar el ostentoso acto de nepotismo y sucesión familiar, presentándolo como un reconocimiento a los derechos de la mujer bajo su gobierno.
Se cayeron todas las máscaras que ocultaban el rostro autoritario de Ortega y Murillo y su proyecto dinástico.
Al pueblo le toca ahora recuperar un arma poderosa: la memoria histórica de la dictadura.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/08/03/america/1470251277_461412.html
