En la grada, el rostro tenso de Raúl González Blanco, excapitán del Real Madrid y afincado ahora en Nueva York, simbolizaba lo comprometido del momento.
Por eso la gran ovación de Nueva York.
En este, Pouille, de nombre Lucas, nombre a tener en cuenta para un futuro no tan lejano, nunca perdió la fe ni el juego.
Pero no esta vez, porque Pouille jugó a las mil maravillas y se las hizo pasar canutas.
Nadie lo esperaba, a excepción del propio Pouille, claro, confiado a más no poder, apretando el gatillo una vez y otra también.
Fuente: http://elpais.com/deportes/2016/09/04/actualidad/1472998477_048461.html
