Cada vez más personas obtienen acceso a nuevas tecnologías que aumentan su productividad; participan cada vez más de intercambios mutuamente ventajosos; y cada vez hay menos nacimientos, lo que mitiga el eterno temor a la denominada bomba de población.
La razón es sencilla: las grandes tendencias que impulsaron el crecimiento global desde la Segunda Guerra Mundial no se han detenido.
Cada vez más países maduran de un estadio de economías en desarrollo con alto crecimiento a otro más estacionario de economías desarrolladas.
Más que nunca en la historia, estamos creando mercancías que contribuyen al bienestar social por el valor de uso en vez del valor de mercado.
El PIB real per capita de China en 1980 era un 60% inferior a la media mundial, pero hoy está un 25% por encima de esta.
Fuente: http://elpais.com/economia/2016/09/02/actualidad/1472807796_938868.html
