La mayor, a punto de cumplir los seis años, tiene clarísimo desde los tres que no le gustan los vestidos.
Recuerdo, con horror, que, hasta bien entrada la adolescencia, mi madre me obligaba a ir con vestidos de nido de abeja.
Con esto quiero decir que ambas, criadas en la misma familia, con el mismo padre y la misma madre y con la misma educación, son totalmente distintas.
La película, que mis hijas adoran y cuyas canciones cantan hasta hartarme, refleja unos valores que también me gustan.
Así que todos los vestidos monos e ideales que muchas amigas me han ido regalando de sus hijas, ahí están muertos de risa en el armario.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/08/30/mamas_papas/1472555045_811142.html
