Dicho de otra manera: si Acapulco fuera una ostra, estaría tan llena de problemas que apenas se podría ver la perla.
Eran buenos tiempos para Acapulco, después todo se derrumbó.
Por más que durante el día brille el sol con desmesura e inunde la bahía de luz blanca, todavía está oscuro.
“De aquí no salimos, y tan felices”, dice García protegiéndose del sol achicharrante con la mano haciendo de visera.
El empresario Ron Scala mira Acapulco desde su casa.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/02/25/mexico/1456431995_693513.html
