Por un lado, tiene una oportunidad única de hacer frente a la corrupción y debilitar los estrechos lazos rentistas entre la clase política y empresarial.
Brasil se enfrenta ahora no a una, sino a tres crisis, que son resultado directo tanto de los éxitos como de los problemas no resueltos de los últimos años.
La caída de la demanda internacional de materias primas contribuyó al hundimiento de las exportaciones brasileñas, que sólo en 2015 cayeron en un 15%.
Poco a poco se generó un consenso en torno a la necesidad de mantener la estabilidad macroeconómica y, a la vez, desarrollar políticas sociales más incluyentes.
En segundo lugar, el destape de los últimos casos de corrupción mostró las debilidades del sistema político brasileño.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/04/11/opinion/1460399643_797623.html
