Si Bridget Jones fuera una mujer real padecería alcoholismo (sus borracheras sola y en pijama son una constante en las tres películas).
Bridget Jones ha perdido toda frescura y el discurso que maneja acerca de su futuro y sus anhelos es rancio y cursi, tan vanguardista como una novela de Jane Austen leída en 2016.
Una década después del estreno de The Edge of Reason, la industria de Hollywood resucita al personaje de Bridget Jones, aquella treintañera solterona e inestable a la que dio vida en dos ocasiones (2001 y 2004) Renée Zellweger.
Esa naturalidad con la que luchaba contra sus defectos pudo ser liberadora para muchas otras.
Algunas hubiésemos deseado un destino menos convencional para Bridget.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/09/23/actualidad/1474595114_169302.html
