Entonces, aparentó que se reía: “Sí, sí, te lo juro, mi sueño fue siempre ser una mujer-objeto”.
Su Majestad, lo primero que me preguntó fue: “¿Cómo es esa famosa Carmen Balcells que, según dicen, recorre el mundo vendiendo a los autores españoles?”.
Cuando la conocí, en los años sesenta, en un vuelo de Londres a Barcelona, Carmen Balcells llevaba un extraño rodete en la cabeza y una camisola que parecía de abadesa.
Nadie llenará nunca el vacío que deja en el oficio que inventó y llevó a unas alturas desconocidas hasta entonces.
Y nadie podrá consolarnos nunca de la tristeza en que nos deja a los que la conocimos y quisimos.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/10/02/opinion/1443777506_212209.html
