La crisis brasileña es un carnaval en mayo que conduce al mundo hacia la turbulencia política.
Ahora no vivimos el ocaso de las ideologías ni de los partidos, sino el ataque de un virus que empieza a ser mortal, llamado corrupción.
Un impeachment por corrupción no es nuevo: ya hubo el precedente de Fernando Collor de Mello, en 1992.
Porque, hasta este momento, lo que ponía al capital internacional a temblar eran los índices de inflación y los programas populistas.
Ya no importa la reivindicación o la justicia histórica y social, lo verdaderamente importante es que en algún sitio debe comenzar el ejemplo.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/05/08/actualidad/1462740078_513037.html
