Narrar el pasado respetando el ángulo adoptado por los antepasados es el arte y también la obligación del historiador.
¿Quién hubiera podido soñar, antes, en la publicación de una tesis doctoral, pensada y escrita en catalán, en la Universidad de Barcelona?”.
Nacionalizar el pasado con el propósito de remontar la existencia de la nación propia a tiempos inmemoriales para, de esa manera, legitimar una operación política es una traición de los historiadores a lo que constituye la médula de su oficio.
Si el historiador inventa, en lugar de narrar lo que descubre tras investigar, traiciona su oficioPara legitimar esta operación no encontraron mejor recurso que nacionalizar cada cual el pasado de su propio territorio, en unos preámbulos construidos según el género de “érase una vez”.
Pues llegados a este punto, solo era cuestión de tiempo y oportunidad que las realidades nacionales se declararan naciones políticas en plenitud de soberanía exclusiva.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/10/08/opinion/1444320757_315511.html
