No podríamos decir, de ninguna manera, que Peña Nieto ignore lo que significa el concepto laico (¿o sí?
Mancera hizo caso y se quedó al margen, aunque sí hizo lo que se hace a un huésped distinguido: le entregó las llaves de la ciudad, y estará presente para despedirlo.
Y frente a todo eso, alguna voz inteligente, y amiga, seguramente aconsejó al jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, que no asistiera a los actos religiosos que se efectuaron en la capital, y le explicaron por qué no debería llevar su investidura a esos lugares.
Por el contrario, hay otros que aseguran que el que tomó la hostia no es Peña Nieto, sino el Presidente de la República Mexicana, que tendría prohibido estar presente en cualquier acto de cualquier culto religioso, y que ha postrado al gobierno de México frente a un gobierno extranjero, por más que la visita tenga carácter pastoral y no de Estado.
Más allá de las palabras, de las recomendaciones, de los sermones y de las bendiciones, la visita del jefe de los católicos a nuestro país dejará un verdadero lío institucional, que por más que se trate de ignorar estará ahí como el desacato de la autoridad a las reglas impuestas por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/16/opinion/034o1cap
