El mejor predictor del nivel de corrupción de un país es su nivel de corrupción unos años antes, incluso varias décadas atrás.
La mejor receta contra la corrupción son las políticas que favorecen la inclusión y la igualdad de oportunidades.
Frente a esa realidad se levantan voces que reclaman reformas institucionales que prevengan la corrupción y permitan castigarla rápida y ejemplarmente, cuando se detecta, para disuadir a futuros aventureros.
Acojamos pues con cautela las promesas de profetas que nos anuncian la posibilidad de erradicar la corrupción con un puñado de reformas institucionales, regalando los oídos a la ciudadanía indignada.
De un tiempo a esta parte, es común escuchar chistes a cuenta de los beneficios que reporta la corrupción al PP.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/09/20/opinion/1474390591_330804.html
