“Los ojos de los otros son los que nos arruinan”, decía P. T. Barnum, y lo mismo podríamos decir aquí, pero con el siguiente añadido: nos arruinan porque se hacen de la vista gorda.
Aquí estamos, como puede verse, en la zona de estricta moral, en el territorio calvinista en el que P. T. Barnum asocia el éxito con la rectitud y el buen comportamiento.
Barnum era el paradigma de aquella época en la que todo estaba por hacerse y casi todo valía, incluso las chapuzas.
Trayendo la reflexión de Barnum a nuestro terreno, tenemos que aquí la corrupción florece gracias a la tolerancia de las personas que rodean al corrupto y que le permiten, seguramente porque también ellas van a beneficiarse, hacer negocios turbios.
Si en lugar de aceptar lo que reparte el corrupto se evidenciara, como decía Barnum, “su falta de principios”, el corrupto tendría menos posibilidades de salirse con la suya.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/02/13/opinion/1455386214_163170.html
