Sí, comprenderemos mejor por qué nos habituamos a la guerra si el ELN se suma a la idea de acabarla.
Quizás sean las guerrillas, las Farc, el ELN, la costumbre colombiana más difícil de explicar.
Sí, desde aquí no se le ve mucho sentido a su cruzada: raptar, robar, asesinar para demostrar una hipótesis, una fe.
Fue en 1980, en Arauquita, cuando el viudo Carlos Rodríguez vendió su finca de 300 hectáreas a un “misiú” de la OXY –por 20 millones de pesos– para dar paso al segundo yacimiento petrolero más grande del país: Caño Limón.
El pasado martes 9 de febrero, por ejemplo, volvió a dinamitar el oleoducto para responderle al presidente Santos el ultimátum “se equivoca el ELN si cree que con acciones violentas está allanando el camino a la paz”.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/02/16/colombia/1455636751_333654.html
