Cuando el ministro Schäuble invoca como solución las “reformas estructurales”, convendría que precisara a qué reformas se refiere.
Esas reformas estructurales, herr Schäuble, no fortalecen la recuperación: sólo consolidan los superávit de países como Alemania, y debilitan las redes de protección social.
El problema del encuentro, paradójicamente, radica en lo que podría interpretarse como compromiso final: los países participantes se comprometen a utilizar “todas las herramientas posibles para fortalecer el crecimiento global”.
China quizá acepte más gasto fiscal, pero la desconfianza hacia la política económica de Pekín está muy arraigada en los mercados.
El hecho de que en Shanghái se haya presentado como una opción razonable —de hecho, la única— el aumento de la inversión pública para estimular el crecimiento es un avance político.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/02/27/opinion/1456597253_927190.html
