Como bien señaló un comentarista político en la cadena pública de televisión, los debates deberían efectuarse sin público presente para darles el nivel que merecen.
No hay duda de que el más reciente, y tal vez último, debate entre Hilary Clinton y Bernie Sanders, aspirantes demócratas a la presidencia, fue el más rasposo de los que han tenido.
Lo confundieron, al igual que en otros debates, con una pelea de boxeo en la que gritos y porras del auditorio interrumpían constantemente a los contendientes cuando trataban de ofrecer elementos de juicio sobre sus propuestas.
Lo que buscaron fue la respuesta agresiva y altisonante del uno contra el otro.
Por la cerrada distancia que los separa en el número de delegados para obtener la candidatura de su partido se esperaba un debate en el que afloraran las diferencias, no muchas por cierto, de su proyecto de país.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/18/opinion/016a1pol
