En sus momentos finales, los dos agujeros negros giraban a aproximadamente la velocidad de la luz.
Con sólo dos detectores, es difícil afinar más; si hubiese estado en marcha un tercero –como el VIRGO europeo, situado cerca de Pisa-, quizá hubiese podido precisarse más.
Ese modesto chasquido contiene información sobre una catástrofe cósmica de proporciones inauditasLos dos agujeros negros tenían masas 36 y 29 veces mayores que nuestro Sol.
Ese es el tiempo que tardó la onda en cubrir los 3.000 kilómetros que separan los dos detectores LIGO.
Los dos agujeros negros que protagonizaron la catástrofe se encontraba a unos 1.300 millones de años luz de nosotros, más o menos en la dirección general de la Gran Nube de Magallanes.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/02/12/ciencia/1455268718_706150.html
