En la puerta del Congreso que da a Zorrilla había que pasar dos controles de seguridad.
Allí alineados, como si esperasen la orden para salir al campo, se encontraban también, entre otros, Xavier Domènech e Irene Montero.
Por eso el discurso de Rajoy se dedicó más a la forma que al contenido.
Contra las emociones, el hastío existencial del PP, el melasudismo absoluto, sonando en los bares a las cuatro de la tarde.
La estrategia de su intervención era tan transparente que contaba con la reacción furibunda de todos, incluidos sus nuevos socios.
Fuente: http://elpais.com/politica/2016/08/30/actualidad/1472569784_439891.html
