Lo que puede parecer como debilidad puede también convertirse en su mayor fuerza moral y de atracción.
Dilma Rousseff está aún a tiempo de escoger entre intransigencia y generosidad.
No sé qué le estarán aconsejando a Dilma Rousseff sus mejores amigos y consejeros en estos días que ella ha calificado de “tormento”, y en los que revela tener pocas esperanzas de ser absuelta por el Senado.
La política es noble y cruel al mismo tiempo.
Con su renuncia voluntaria, bien explicada a la sociedad, Dilma, muy al contrario, además de quedar libre para intentar nuevas aventuras políticas, podría acabar polarizando un consenso de la sociedad, incluso por parte de la que hoy le es hostil, con un gesto de generosidad destinado a pacificar al país.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/07/26/america/1469539429_061655.html
