Madrid se lo debe, por demostrar que el valor de un ciudadano no procede de los berridos neurasténicos, sino de la inteligencia.
La calle que ya no tiene Millán Astray debería llevar el nombre de Unamuno.
El gesto de Unamuno es emocionante por su hombría de bien y porque procede de la región por él más querida, la del pensamiento.
Su enfrentamiento a voces destempladas con el general Millán Astray, fundador de la Legión, ha pasado al acervo común de la resistencia intelectual frente a la necia sumisión rebañega del patriotismo vocinglero y alucinatorio.
«No son los fanáticos, los energúmenos, los dogmáticos, los que con más ardor y constancia pelean”.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/10/15/opinion/1476561985_504714.html
