Las más de 4 mil muertes asociadas a la inversión térmica registradas en Londres durante el invierno de 1952, insertó en la agenda política internacional el problema medioambiental.
Es así como se consolida la dictadura sanitaria , con la que en octubre de 1918 el gobierno de Venustiano Carranza enfrentó la peste roja, o fiebre española, epidemia que en un lapso de 10 días, tan sólo en la Ciudad de México, provocó 5 mil 306 muertes y el contagio de más de 60 mil capitalinos.
El gobierno de la Ciudad de México rescató del profundo subconsciente colectivo el temor a la muerte derivada de los altos índices de contaminación, y tras las escaramuzas políticas generadas en la premeditada búsqueda de culpables –como parte de la estrategia distractora de una crisis de mayor envergadura– los tres niveles de gobierno coincidieron en endurecer el programa Hoy no circula, invocando para ello la superioridad del derecho a la salud sobre el de movilidad.
Merced a la obra La Higiene en México, del economista Mario J. Pani, los Constituyentes de 1917 acordaron centralizar las acciones emergentes en materia de salud en la persona del Presidente de la República, a quien concedieron facultades extraordinarias para hacer frente a epidemias de carácter grave o peligro de enfermedades exóticas , diferenciando los riesgos sanitarios del resto de las hipótesis previstas por el artículo 29 constitucional para la suspensión de garantías individuales.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/16/opinion/028a1cap
