Es precisamente esta deshumanización del otro que la novela de Mary Shelley critica.
Aunque Trump termine finalmente derrotado en Noviembre por Hillary Clinton, esos ciudadanos confusos van a permanecer vastamente entre nosotros.
¿Estoy delirando, siendo demasiado cándido, si sugiero que lo que debemos sentir ante los adherentes de Trump es más bien pena y compasión?
Sin esas multitudes perturbadas que proyectan sobre él sus incertidumbres, pesadillas y deseos, Trump no existiría.
Con más razón hay que tener cuidado de no imitar a los seguidores de Trump, degradando y demonizándolos como si fuesen una horda invasora y maligna.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/30/opinion/1459330513_961296.html
