Una cierta intelligentsia deportiva francesa rechaza los éxitos, pequeños o grandes, pero sobre todo los que acontecen en terreno francés, de los deportistas españoles.
No caen en la cuenta de que a la imagen exterior de los deportistas españoles también contribuyen las decisiones erróneas o estrambóticas, de los organismos deportivos nacionales sobre los casos demostrados de dopaje.
La honradez de Nadal o Indurain también se demuestra aplicando la ley con el rigor debido cuando es necesario.
El origen del mal no anida en la exministra; sólo es un eco de otras voces que han elaborado, también con impunidad, la hipótesis del dopaje intensivo entre los deportistas españoles.
Sobre Rafael Nadal, durante algunos años número uno del tenis mundial, confluyen dos psicopatologías abrasadoras.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/12/opinion/1457809595_426191.html
