Estaba la Bartoli dentro y fuera de West Side Story.
Es la razón que concedía aún más originalidad a los pasajes líricos, solemnes y hasta funerarios, demostrando que West Side Story es una obra mayúscula del siglo XX en su audacia melódica, vitalidad rítmica y complejidad armónica.
Es allí, en las afueras de Salzburgo, donde a Karajan el mambo de Bernstein le ha alterado su sueño eterno.
Fue el suyo un espectáculo vistoso, lucido, incluso espectacular, pero la exhumación de West Side Story hubiera agradecido un lenguaje teatral más vanguardista —en la forma, en las intenciones— y hubiera merecido eludir la tentación de la cursilería y de la sensiblería.
Hubo tanto color, tanta tensión, tanta intensidad y tanta naturalidad en esta prodigiosa versión bolivariana que cuesta trabajo imaginar alternativas de semejante relumbre.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/05/14/actualidad/1463222684_097106.html
