El cirujano de hierro que reclamaba Joaquín Costa para curar los males de la patria era un violinista en el tejado si se compara con el Pablo Iglesias que ha irrumpido en el Congreso de los Diputados a galope de sí mismo enarbolando el hacha de guerra.
A la sesión de investidura del socialista Pedro Sánchez en el Congreso solo le faltaba el grito ibérico de ¡más caballos!
El odio político, como instrumental quirúrgico, no resuelve ningún problema, ya no se lleva, está absolutamente desprestigiado.
Los cirujanos hoy operan con rayos láser, pero al parecer Pablo Iglesias llega al quirófano todavía con hacha y serrucho dispuesto a destripar a la brava a quien se ponga por delante y le lleve la contraria.
que lanzaba la plebe antiguamente en la plaza de toros, alzando las botas de vino, mientras varios pencos con las vísceras al aire garreaban en la arena.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/05/opinion/1457193496_182001.html
