Sin duda, el color de la esperanza ha cambiado y en estos casos hay un lenguaje común.
Ahora no sólo lidiamos con el Gran Hermano, sino también con el gran padre, la gran hermana, el gran primo y con todos a nuestro alrededor.
Si hace 12 meses alguien le hubiera preguntado a Hillary Clinton cómo sería su campaña, probablemente hubiera dicho que muy tranquila.
Hoy lucha en algunos Estados clave y contra toda razón por una victoria clara frente a Donald Trump.
Quieren tener el sueño eterno sin dar a los pueblos modernos la oportunidad de construir su ciclo y su propio tiempo.
Fuente original: El color de la esperanza | Internacional | EL PAÍS
